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Este cuento constituye un relato evocador que lleva al lector a sentir la fortaleza de una abuela poco convencional: divorciada, alborotada, tenaz e independiente; y a percibir los sabores de la cocina del austro ecuatoriano: las tortillas, los chumales, las morcillas. Gracias a ello, seremos capaces de recordar los ritos que nos marcan socialmente y las particularidades de la vida. Sin embargo, el texto no solo habla de la vida, sino que aborda uno de los temas más difíciles de contar a un niño, el de la muerte.
Es, sin duda, un texto que invita a recordar a las abuelas transgresoras, a poetizar el amor fraternal y a entender que las pérdidas son parte fundamental de la existencia.