Siempre quise tener un blog

Siempre quise tener un blog Nunca supe cómo hacerlo ni puse el interés debido en averiguarlo. Me refiero a un blog virtual porque, desde que tengo uso de razón, he tenido un diario físico, una libretita de colores y, últimamente, una agenda de vida. Al fin lo logré… y ha sido tan fácil como poner en el buscador: «Cómo crear un blog gratis». La realidad es que, como todo en la vida, nada es gratis y algo hubo que pagar.n Espero que valga la pena. Decidí llamarle el El blog del Farolero, no solo por el nombre de mi editorial, sino por lo simbólico que resulta para mí la imagen de un faro y de quien cuida de él. En un capítulo de mi novela infantil La isla más pequeña del mundo narro el suceso de una niña que se encuentra con un guardafaro, hombre que era contratado para hacerse cargo de por vida del faro de un puerto. Creo que esta es la analogía perfecta de lo que hacemos los seres humanos: estamos contratados de por vida para hacernos cargo de nuestra propia existencia y emanar luz u oscuridad (dependiendo de nuestras elecciones). En mi caso, he tratado de irme por la luz porque le temo a la oscuridad y, por eso, la imagen del hombrecito llevando el faro. A pesar de haberme hecho una regresión cuando tenía veintiún años y de haber viajado a mis vidas pasadas para descubrir el origen del miedo a la oscuridad, estoy convencida que aún temo las tinieblas de la tristeza o de la soledad. He escrito mucho en mi vida, pero no he publicado en demasía porque suelo guardar con recelo aquello que se convierte en texto. Creo que como un buen vino, debe dejarse que las palabras lleguen a un estado de añejamiento que les permita, tras un proceso de crecimiento y maduración, ser compartidas. Por eso me aseguro de llevar conmigo el faro a donde quiera que voy. Así, su luz alumbra el camino, me da calor y, sobre todo, me aleja de las sombras. Tras cuarenta y cuatro años de vida, estoy convencida que esa luz siempre me lleva a un puerto seguro que son las palabras. Luego me arrepiento de no compartir lo que escribo al escuchar la voz lejana de mi esposo diciendo: pero… si escribes maravillosamente. Cómo envidio a los amigos en la literatura, capaces de escribir novelas y poemarios de un día para otro, y además publicarlos. Yo me tomo mi tiempo, y muy ligada a la filosofía racionalista, «pienso y luego existo». Pienso tanto en la calidad del texto literario que termino desistiendo de muchos intentos. Y esa, es otra de las razones de haber creado este blog: tengo tantas cosas que decir y a veces no tengo dónde decirlas. Escribir lo que vivo a diario, lo que pienso, lo que siento o lo que necesito, no demanda de mi exigencia literaria, así que puedo respirar y sacarlo a flote. Estoy segura que no seré enjuiciada por ningún crítico mordaz cuando acceda a este espacio. Tras semejantes dilucidaciones o tal vez alucinaciones, queda totalmente justificada, mi obsesión con los faros, la luz, los faroleros y las palabras que, ahora, se convertirán en las amigas cercanas del lector de este nuevo blog.

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