Hace algunos años me divorcié de Almodóvar, el famoso cineasta español. Dejé de seguirlo en sus últimas producciones porque me cansé de sus personajes femeninos complicados. Algunos de sus motivos se tornaron repetitivos y me dediqué a explorar a otros directores. Sin embargo, recuerdo que en otras épocas amé con locura películas como La flor de mi secreto, Tacones lejanos, Carne trémula o La mala educación. Gracias a mi gran amigo Xavier Oquendo y su maravilloso taller, tuve la oportunidad de regresar a la filmografía de mi antiguo compañero de butaca con su última producción: Dolor y Gloria. Fue una experiencia grata y dolorosa. Me enfrenté a una de las películas más honestas que he visto. Su protagonista es un director de cine que ya vivió sus días de gloria y que además de soledad, padece de graves problemas de salud. Entonces, debe regresar a su pasado para redescubrirse y encontrar las respuestas a sus dolencias. Me detuve a pensar que todo en la vida es una suma de opuestos que se complementan. Los seres humanos somos cuerpo y alma o espíritu o energía o como quieran llamarlo, según sus creencias, y los dolores del alma se expresan a través del cuerpo. Tras haber sido diagnosticada hace algunos años con una enfermedad degenerativa, me di cuenta que cuando no has resuelto todos tus temas esenciales (aquellos que se depositan en lo más profundo de tu ser y que no han sido afrontados), el cuerpo se expresa y se manifiesta a través de la enfermedad física. Muchas veces las personas establecemos un divorcio entre el cuerpo y el alma hasta que nos damos cuenta que el día necesita de la noche para descansar y dejar reposar sus tinieblas. Mi experiencia con la enfermedad fue muy difícil al inicio, sobre todo cuando te ofrecen un panorama desalentador desde la medicina tradicional. Si los médicos intuyeran que existimos personas que le tememos a la muerte, pensarían dos veces antes de ofrecer frívolos criterios sobre nuestros padecimientos. Sin embargo, creo que las enfermedades del cuerpo son puertas importantes que amplían la reducida visión que a veces tenemos del mundo. En mi caso, han sido una oportunidad para reencontrarme con mi esencia, para concebir esa dualidad y aprender a habitar en ella. El personaje de la película sufría de atragantamientos frecuentes porque no era capaz de decir, de comunicar y asumirse en su pasado y en su presente. Cuando le contaba sobre la trama de la película a mi hijo menor, me decía: ─ El protagonista debería haber hecho lo mismo que tú. Y yo le dije: “¿qué cosa?” ─ Pues, prender las velas de la espiritualidad y adentrarse en la limpieza de sus chakras o hacer esas danzas raras que te gusta practicar. Me dio tanta risa escuchar a mi hijo, quien seguramente piensa, en sus adentros, que su mamá enloquece de vez en cuando. Gracias a la enfermedad yo descubrí la belleza de la vida, lo invaluable de vivir cada momento junto a los seres queridos y los amigos. Desde entonces volví a la escritura, que me había abandonado algunos años. Descubrí el yoga y su poder sanador, y contra todos los pronósticos alópatas, estoy más sana y viva que nunca. Los creyentes hablan de los milagros, yo creo firmemente en el poder que tiene la mente, en la fortaleza del espíritu y en la memoria, como elemento sanador. Todas las respuestas están en la niñez y en mi caso en la escritura. Por eso siempre acudo a los recuerdos y me dedico a contar lo que me sucede sin tapujos. Desnudo mi alma en cada escrito y en cada acto de mi vida. Le doy gracias al señor Almodóvar por ofrecernos un personaje honesto, de esos que necesitamos para que se conviertan en espejos. (Ahora, queridos lectores, pueden volar a ver la película que está en YouTube).
Crónica de una histerectomía anunciada
Durante años he transitado pasillos de hospitales y consultorios, enfrentando diagnósticos, tratamientos y protocolos que más que sanar, muchas veces
