¿Qué pasa cuando muere un poeta?

Esta semana recibí la triste noticia de la muerte de una gran poeta y amiga, Nelly Córdova Aguirre.  Había planeado escribir sobre otro tema, pero definitivamente, la muerte de una amiga duele más que cualquier cosa.  La muerte es la presencia menos esperada por el ser humano. En mi caso particular, siempre le he temido porque la he asociado con el dolor, las lágrimas, el sufrimiento inconsolable; a pesar de que no me he enfrentado a muchas muertes en mi vida. He visto irse, con dolor, tan solo a mis abuelos y a unos pocos amigos. 

No soy una experta en el tema pero, lo que en realidad tememos es la idea de la pérdida y no lloramos por el muerto sino por nosotros mismos, porque nos quedamos solos, porque somos vulnerables al vacío, porque sucumbimos ante la impotencia de no asumir lo que significa vivir sin ese otro, cuya presencia ayudaba a completar nuestra existencia.

La muerte es, sin duda, una construcción social y cultural que, en muchos lugares del mundo, se considera un tabú o, como en nuestras sociedades actuales, se constituye en un camino en línea recta que inicia en un punto y termina en otro. Sin embargo, preferiría pensar que la muerte es un componente más de un espacio circular, parte de un eterno retorno, de un ciclo no concluido que permanecerá. 

Confieso que no me gustan los velorios y los entierros, en general los ritos sociales de despedida porque me desencajan; no soporto el dolor ajeno porque lo siento cercano; no soporto las lágrimas porque me ahogan el alma. Así que escribo porque es la mejor forma de despedirme de mis seres queridos.

No quiero sonar escatológica al hablar de estos temas, pero estoy convencida de que no todas las muertes son iguales. Me imagino que la muerte de una poeta es algo así como la muerte de una estrella fugaz: una maravillosa explosión cósmica que incendia el firmamento con destellos de versos que se rompen en mil pedazos y que luego se fusionan para regresar a su núcleo. 

Nelly Córdova vivió como una estrella, se nutrió de cada uno de sus versos transgresores, de su obsesiva contemplación por la naturaleza, de sus compromisos sociales, de sus mutaciones estilísticas y acumuló en cada uno de ellos todo el oxígeno para respirar y resistir.

Fui testigo y cómplice de su último trabajo gracias al equipo de «Poesía en Paralelo Cero» que decidió rendirle un homenaje por su trayectoria (en vida, como debe ser). Durante varios meses trabajamos una antología de lo mejor de su poesía. Y sí que la sudé. Trabajar con Nelly fue un honor y un tormento satisfactorio. No he conocido mujer más perfeccionista, más involucrada hasta en el último detalle. Cambiamos el orden de los poemas varias veces,  revisamos cada verso y créanme cuando les digo que enfrentarse a una poesía tan única, tan despojada del estereotipo, tan profana y audaz, no fue fácil.  Corregimos varias veces el prólogo, recorrimos el territorio de las formas y de los contenidos con la profundidad y minuciosidad que solo una trabajadora de la palabra es capaz de lograr.

Recuerdo, con emoción, el título de su última antología: Hiere la noche (miserere nobis). En ese momento tuve muchas preguntas respecto a la frase en latín. ¿A quién pedía misericordia la poeta?… Ahora está tan claro: cuando una poeta ha construido y deconstruido el mundo con versos, cuando lo ha hecho todo, cuando ha desconcertado con sus neologismos, cuando ha sido capaz de redescubrir el asombro, no le queda más que entregarse a la misericordia de la diosa Poesía en medio de una noche eterna que hiere, que presiona la fibra más íntima y que la convierte en polvo cósmico.

Los científicos afirman que la muerte de una estrella es el acontecimiento más importante del universo porque no son comunes, porque producen y acumulan toda la energía de la galaxia, porque luchan entre fuerzas opuestas toda su vida y al estallar dejan un rastro inmenso, igual que nuestra poeta.

Me reconforta saber, también, que las estrellas no mueren completamente, sino que sus partículas se reproducen y se convierten en otros cuerpos. Lo mismo sucede con los poetas, se multiplican a través de sus versos y renacen convertidos en flores, en miradas y en pasiones.

Prometo, entonces, no llorar la partida de mi amiga Nelly Córdova, prometo reproducir su poesía, prometo abrazar a sus hijos queridos, y celebrar su luz, cada vez que una estrella brille en el firmamento.

En lo que a mí respecta, ya saben que cuando muera, nadie debe llorar porque he sido suficientemente feliz en la vida,  porque he escrito todo lo que debía, porque he amado y he sido alumbrada con la potente luz de las estrellas.

Compartir este artículo:

Artículos Relacionados